domingo, 3 de octubre de 2010

Colores

Hay personas que, cuando apagan la luz de su habitación, hacen un balance cromático del día. Conozco a una de ellas. Dependiendo de lo que han escuchado, intuido, visto, dicho o hecho asignan un color al día, para caer luego en un sueño reparador tras el esfuerzo. Hay personas que, no cansadas con este ejercicio de memoria y análisis, van más allá y no concilian el sueño si no resuelven el rompecabezas del cubo de Rubik en que se han convertido sus vidas.
    En realidad, los colores no existen. Son sólo una percepción subjetiva, el reflejo de la luz sobre un objeto. Por eso, cuando hay poca luz, sólo conseguimos ver en blanco y negro. Los daltónicos vienen a poner en evidencia que no son una ley universal irrefutable e, incluso ellos, los perciben de manera distinta unos de otros.

   En la pantonera de la vida, hay tantos colores como días, con todos los matices, tonos, incluso texturas que hacen parecer diferentes dos colores exactos. Hay días grises, lunes negros, personas marrones, días en blanco para el olvido, días rojos de furia o pasión, días verde esperanza y vidas de color de rosa, amarillos gafados, naranjas vitales, azules plácidos…  Los domingos de elecciones todos los colores se dan cita en las urnas.

   Lástima que hoy haya amanecido nublado en muchos sitios. En Madrid, esas nubes, lejos de formar un prisma que amplíe el espectro, desdibujan y empalidecen los colores, la mitad de Brasil ha amanecido también nublado (debe ser la del 40% de la población que vive todavía en la pobreza absoluta), aunque la estela de Lula promete soplar para despejar el horizonte. Pero en Bosnia, los cielos parcialmente despejados delatan los uniformes de camuflaje que reflejaron únicamente horror con mayúsculas no hace tanto.