sábado, 4 de septiembre de 2010

Con Dios

 La NASA toma el relevo...


Génesis
1:1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 

1:2 Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.
1:3 Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. 

1:4 Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.
1:5 Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Sin Dios



En este país de las sombras, tierra yerma donde nada crece y cualquier atisbo de vida se abrasa bajo el sol, la noticia se extendió como un desgarro sobre una tela vieja. Tal fue su fuerza, que resquebrajó sus confines y el eco devolvió el grito más clamoroso todavía. Dios no existe, no existe, no existe…  El anuncio rompió las barreras de seguridad del puesto de mando que rige los destinos en el país de las sombras. Rebotó en mesas, en suelos y en paredes insonorizadas y las alarmas se unieron al ruido metálico.
   Dios mantenía el orden de las cosas. Antes de Él, la humanidad había vivido en armonía con esa naturaleza indómita a la que rendía admiración y cuidado extremo. Ella, madre protectora, dio cobijo en sus cuevas cuando llovió y abrigo cuando hizo frío. 
   Cubiertas las necesidades básicas, la humanidad se llenó de complejidades y complejos y las almas empezaron a sufrir buscando un sentido a su existencia. Nació así la idea de un Ente sobrenatural por encima del bien y del mal que, en un alarde de egocentrismo, resultó que había creado al ser humano a su imagen y semejanza. Instalado en este pedestal, el hombre se sintió superior al resto de lo creado y subyugó a la naturaleza, cortando sus árboles, matando sus fieras y abriendo sus entrañas en busca de riquezas. Dios, padre benévolo, perdonaba abriendo las puertas de un cielo ideal o castigaba al fuego eterno en crueldad ilimitada, al tiempo que escribía los destinos de cada criatura.
   Ahora, en el país de las sombras, libre de sus cadenas, huérfano y vulnerable como le hizo aquel Dios, el hombre deberá recuperar su conciencia atrofiada por siglos de divino perdón. Urge ejercitarla para que impulse la flacidez de pensamiento y obra en que se asentó durante miles de años. Para iniciar el movimiento, antes habrá que calentar y remover bien esas conciencias.

jueves, 2 de septiembre de 2010

La mujer sincopada

Y yo que juraría que mira a cámara en una comprometida sonrisa durante un inoportuno pisotón en el juanete... La próxima mesa de negociación, sin mantel: habrá que averiguar qué hay debajo de todo esto. Si se reúnen cada 15 días para seguir las conversaciones de paz, también hay que averiguar qué harán los restantes 14 días. (Foto: AP)
Sincopado, da.
(Del part. de sincopar).
1. adj. Mús. Dicho de una nota: Que se halla entre dos o más de menos valor, pero que juntas valen tanto como ella. Toda sucesión de notas sincopadas toma un movimiento contrario al orden natural, es decir, va a contratiempo.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Sum, ergo cogito

El Pensador, de Rodin
“Si pones a pensar a un grupo de personas el 95% del tiempo, al final del día sólo se les habrán ocurrido tonterías”. Esta frase defiende el trabajo continuo como base para la aparición de ideas innovadoras. Llevo pensando en ella hace días y en qué habría pasado si nadie hubiera pensado. Efectivamente, sólo se me han ocurrido tonterías, que paso a exponer:

 Tontería 1: La rueda, sin ir más lejos, sería ciencia ficción. La humanidad habría llevado sus trastos de un lado para otro a peso o en complicados sistemas deslizantes que habrían fatigado al más animoso, con lo que la colonización de nuevas tierras o las locas carreras tras los ñus, cámara en mano, en un safari por Kenia (tierra colonizada) habrían resultado bastante engorrosas y sin mucho sentido.
  •  Tontería 1.01: Si nadie hubiera pensado en dominar nuevos territorios, todavía quedarían paraísos.
    •    Tontería 1.02: Si nadie hubiera pensado en inmortalizar una imagen fija, no existirían las cámaras de fotografía.
    •    Tontería 1.03: Si nadie hubiera pensado en los ñus, éstos vivirían felices en la sabana.
     Tontería 2: El papel. En el momento que alguien pensó que lo que decía su vecino o él mismo estaba muy bien y merecía permanecer en el tiempo, a falta de cámara fotográfica, se puso a picarlo en una piedra. No existía el préstamo entonces y las bibliotecas habrían semejado cementeras. Más adelante, alguien pensó en una superficie más bien plana, clara y más llevadera sobre la que dibujar símbolos que significaran palabras. Y nació así la escritura que hoy conocemos, con su pluma, su tinta y su tintero.
    •    Tontería 2.01: Si nadie hubiera pensado que aquello escrito no era correcto, no habría habido guerras, ni odios, ni malentendidos.
    •    Tontería 2.02: Miles de años más tarde alguien pensó que estaría bien que el papel fuera, por qué no, de colores
         Otras tonterías derivadas de esa capacidad innata para el pensamiento de que ha hecho gala la humanidad son la electricidad (con todo lo que conlleva en cuanto a comodidades en el hogar y en las cafeterías), el paraguas (tras pensar que estaría mejor no mojarse y antes de pensar en fibras sintéticas), el sacapuntas (ligado al papel y la escritura), el botón, la cama o la mismísima Internet. El fuego quedaría fuera de esta categoría, ya que fue fortuito y sólo dio que pensar sobre cómo mantenerlo siempre vivo.
      Pienso que esto ya es demasiado largo.
      Seguimos pensando en nuevos desarrollos y en nuevas tonterías que den que pensar. Disculpen las molestias.

      martes, 31 de agosto de 2010

      Tiene un mensaje nuevo

      Los móviles, engendros salidos directamente del infierno, ya indispensables como casi todo made in hell, ofrecen cada día más prestaciones, ahora también contributivas por desempleo.
         El último ejemplo ha sido el de una empresa portuguesa que ha despedido vía SMS a sus 18 empleadas. El presidente de Ururuay, Fernando Lugo, marcó tendencia a principios del año pasado con uno de sus consejeros y ha seguido hasta ahora con otros altos funcionarios. Es lo que tiene la tecnología, que democratiza las malas formas. Gracias, precisamente, a esa democratización, cualquier departamento de Recursos Humanos puede apuntarse a las ventajas del directo, aunque sea para enviar miserias en bandeja, pero de entrada.

      domingo, 29 de agosto de 2010

      Economía para infelices

      La economía española volvió a caer: un 0,1% entre mayo y junio respecto a estos mismos meses de 2009 y, aunque fue mejor que a principios de año, parece que todavía está lejos de ese 2% mínimo de crecimiento necesario para crear empleo y, por tanto, salir del fatalismo en que nos hemos instalado en esta crisis nuestra de cada día.

         Una crisis, por cierto, que no ha servido para “refundar” el capitalismo, como vaticinaban los soñadores, ni para encontrar nuevas fórmulas de crecimiento que sirvan para todos, como creyeron los idealistas. Al contrario, cualquier esperanza de cambio ha caído al ritmo de esta milonga, mientras se ha reforzado el mimo hacia la banca y la influyente, presionadora y aprisionadora gran empresa.

         En España, donde se da por perdida la batalla del consumo interno, las 35 primeras empresas del país ya obtienen más de la mitad de sus ganancias del exterior, donde se han apresurado a huir ante la apatía nacional. Lógico, con un índice de paro del 20% y unas perspectivas nada halagüeñas para septiembre, cuando muchas pequeñas y medianas empresas confirmarán sus peores pronósticos y cerrarán el chiringuito.

         Para ahuyentar esos malos espíritus, vuelve el autoengaño basado en unas cifras del todo nefastas maquilladas de verde esperanza. Y qué mejor para evitar ponerse manos a la obra que negar la realidad y perder la memoria histórica, hacer un nuevo sortilegio de recuperación económica para que aparezca el zombi de una bonanza que lo fue, pero con pies de barro, cuerpo de ladrillo y cabeza de turista low cost con sombrero mexicano.

      Jackson Hole: presidentes de bancos centrales de todo el mundo, gurús y banqueros se han reunido allí este fin de semana para respirar.








      viernes, 27 de agosto de 2010

      El grito



      Hace unos días llegó a mis oídos un dato terrible, una anécdota contada dentro de otra conversación "principal". Llevo negándomelo desde entonces, pero hoy he decidido enfrentarme a mis horrores. Los peores vaticinios se han cumplido. Siempre lo hacen.
         India es el país con más suicidios de agricultores del mundo. Desde la liberalización agrícola, en 1991, más de 150.000 personas han preferido quitarse la vida al no poder afrontar un futuro arrasado por las deudas, al igual que sus campos. El patrón es el siguiente: un pequeño agricultor, de unos 25 años, que ha cambiado el cultivo tradicional por un único cultivo destinado a la exportación para mitigar la deuda externa del país con el Banco Mundial y el FMI. Estos nuevos cultivos se basan en productos transgénicos, que necesitan gran cantidad de agua y también de pesticidas, con lo que conlleva para el medio ambiente, otra víctima. Agotadas las reservas de agua y las subvenciones, los agricultores han quedado en manos de prestamistas, de castas superiores, que imponen intereses entre el 36 y el 100%. Cuando la cosecha va mal o los precios del mercado fluctúan (ah! la especulación...), la deuda pasa a ser inasumible. Y usan para suicidarse aquellos pesticidas que compraron gracias a los préstamos.
         El grito se ahoga en veneno y el vértigo es ahora insoportable.

      jueves, 26 de agosto de 2010

      ¿Alucinan los robots?

      Me llamo Octav. Soy un modelo H-2023. Fui fabricado hace cinco años en Osaka y exportado a este país a las tres semanas, por lo que se puede decir que mi experiencia y conocimientos (tengo capacidad de aprender, algo inusual en modelos de mi generación) se basan en esta realidad. Desempeño complicadas tareas de cálculo y aritmética, de gran utilidad en un afamado centro tecnológico, tengo una nada desdeñable capacidad motriz y, hasta ahora, sólo he sufrido alguna anomalía en mis sensores auditivos y problemas de chapa.
      Mañana viernes llega Octav IV, un artilugio X-1215 dotado con las últimas prestaciones en inteligencia artificial que me dejará obsoleto, y seré reciclado. Mis materiales son respetuosos con el medio ambiente, al igual que yo mismo, como entidad.
      Octav IV tiene ya ocho meses y sus inputs han sido muy diferentes a los míos. Además de aprender de los errores y experiencias al igual que yo, Octav IV tiene la capacidad de sentir dolor, empatía, desánimo y alegría, entre otras características humanas de menor grado. Deberé desinstalarle muchos conceptos equivocados de fábrica. Espero que sus circuitos no se colapsen, pese a que es capaz de generar trillones de conexiones por segundo. Le harán falta. Mañana será el cénit de la ola de calor, 35º C y 62% de humedad en el aire. Le explicaré, mientras paseamos por el Fòrum de las Culturas, el funcionamiento de la llamada economía real y algunos de los más llamativos casos de corruptela política y empresarial. Alucinará.

      lunes, 23 de agosto de 2010

      Un mundo feliz

      “Gentes deambulando por vastas extensiones de cemento dirigiéndose al avión.

      No olvides el aspecto que tendrán tu sombrero y tus zapatos cuando no se te pueda encontrar en ninguna parte”. 


      (Extracto de China, de Bob Perelman)

      Año 2060. El humo gris de las fábricas cierra el cielo y los habitantes de las llanuras infinitas han perdido la noción del tiempo. Cientos de millones de hombres y mujeres se desplazan cada día arriba y abajo gracias a un metódico engranaje logístico de trenes de levitación magnética que avanzan despavoridos. Ojos rasgados y voces metálicas democratizan el horror a través de las rejillas de las máscaras.

         El mundo conocido como occidental había internacionalizado sus centros de producción. La deslocalización, ya se sabe. Las empresas huyeron de mercados interiores empobrecidos y empezaron a ser prósperas. Pero, sin empresas, los habitantes quedaron sin empleo, se acabó el dinero público porque ya no había impuestos que recaudar y llegaron el hambre y las enfermedades. Y con ellas las revueltas, cada vez más violentas y desesperadas.

         Las élites occidentales que habían internacionalizado su estrategia a tiempo volaban ahora varias veces al mes a destinos asiáticos, más limpios, más rigurosos para hablar de negocios. Incluso esperaban el momento de pasar unos días de asueto en los parques temáticos de naturaleza viva que allí se habían recreado con esmero o en centros de meditación y relax, lujo oriental, para recuperar tiempo y salud. Año 2060. Año del Dragón. Aunque no hace falta irse tan lejos…

      jueves, 19 de agosto de 2010

      Caballo de Troya

         Despierto quemada por el sol. Siento cómo mis ojos cerrados arden, ya secos. Mis labios reconocen el sabor a salitre en microscópicas agujas que se clavan y traspasan los poros de mi piel. Llevo horas, quizás días o años, en esta playa de arena ardiente, boca arriba, luchando infructuosamente por darme la vuelta, como una tortuga tras la batalla balanceándose sobre su cascarón.

         Nuestro barco naufragó tras abrirse una brecha en la quilla al chocar con el arrecife. Un crujido seguido de un ruido estruendoso avanzaron el desastre mientras el mar nos arrebataba la voluntad. Acaricio ahora la arena con mis dedos, patas de una araña prisionera. Sí, recuerdo el arrecife, pero no por qué había decidido huir y tomar aquel barco. Si bien está lo que bien acaba, aquella rendición sin condiciones, aquel exilio voluntario no fue una buena opción.

         Ladeo la cabeza, ya con los ojos entreabiertos, pero mis dedos han cobrado soltura y ya han tejido una telaraña frente a mis ojos. En mi delirio, alimentado por la falta de agua potable y la insolación, adivino a lo lejos un esqueleto grotesco, una caja torácica de dimensiones descomunales varada como yo en la orilla. Caballo de Troya quemado como mi propio cuerpo en la playa. La brisa atraviesa sus huesos oxidados y me acerca el lamento de los espectros de mis compañeros de periplo. Debimos habernos quedado y combatir porque, aunque con las fuerzas vencidas por el desánimo, contábamos con el arma más erosiva, más que este salitre que ahora nos devora: la palabra.